La historia de que una manzana le cayó en la cabeza y ahí "se prendió la lamparita" es un poco exagerada. El mismo Newton contó años después que estaba mirando por la ventana de su casa cuando vio caer una fruta y se preguntó: "¿Por qué cae siempre hacia el centro de la Tierra y no hacia arriba o de costado?". Fue una observación pausada, no un golpe de suerte.
No todo era ciencia. En sus últimos años, Newton fue Director de la Casa de Moneda de Inglaterra. Se tomó el trabajo tan en serio que se disfrazaba para ir a las tabernas y atrapar personalmente a los falsificadores de monedas. Inventó el ranurado en el borde de las monedas (esas rayitas que tienen los bordes) para que la gente no limara el metal precioso de los costados.
Newton tuvo una guerra feroz con el matemático alemán Gottfried Leibniz. Ambos inventaron el Cálculo al mismo tiempo, pero por separado. Newton era tan rencoroso que usó todo su poder para acusar a Leibniz de plagio, en una de las peleas más famosas y feas de la historia de la ciencia.
Aunque lo vemos como un hombre de pura lógica, Newton pasó más tiempo estudiando alquimia (intentar convertir metales en oro) y teología que física. Tenía una biblioteca enorme de libros "mágicos" y creía que podía encontrar códigos secretos en la Biblia sobre el fin del mundo.
En el colegio no era el mejor. Se dice que empezó a esforzarse y a sacar las mejores notas solo después de que un compañero (que sí era buen alumno) le diera una patada en el estómago. Newton decidió que la mejor forma de vengarse no era devolviéndole el golpe, sino superándolo en todas las materias.
Era conocido por tener un carácter muy difícil. No aceptaba críticas, era extremadamente celoso de sus descubrimientos y casi no tenía amigos. De hecho, se dice que durante sus años como profesor en Cambridge, a veces daba clases en salones vacíos porque sus lecciones eran tan difíciles que nadie iba, ¡pero él seguía hablando igual!