A los 9 años, Gauss tenía un maestro bastante gruñón. Un día, para que los chicos se callaran y lo dejaran en paz toda la hora, les pidió que sumaran todos los números del 1 al 100: "1 + 2 + 3 + ... + 98 + 99 + 100".
A los pocos segundos, el pequeño Gauss se levantó de su asiento y puso su pizarra en el escritorio del maestro con un solo número: 5050.
El truco: Se dio cuenta de que si sumaba el primero con el último ("1+100"), el segundo con el anteúltimo ("2+99"), y así, siempre daba 101. Como había 50 de estas parejas de números, la cuenta era 50 * 101 = 5050. ¡Un genio total!
Gauss era tan exigente con la calidad de lo que publicaba que prefería guardar sus mejores ideas bajo llave. Escribió un diario personal donde anotaba sus descubrimientos, pero lo hizo de una forma tan críptica que durante años nadie pudo descifrarlo. Allí anotó cosas que se publicaron décadas más tarde por otros científicos, como las geometrías no euclidianas.
A principios del 1800, el mundo estaba obsesionado con un pequeño asteroide llamado Ceres. Los astrónomos lo habían visto un par de noches y lo habían perdido. Gauss, que estaba más metido en la estadística, les dijo: "Si me dan esos poquitos datos que tienen, yo les digo dónde va a aparecer". Usó su método de "Mínimos Cuadrados" y, efectivamente, Ceres apareció justo donde él había dicho. Fue como magia.
A pesar de su éxito, Gauss a menudo se quejaba de que su vida había sido "una lucha continua". Decía que el hecho de no poder publicar todo lo que descubría antes de que alguien más lo hiciera le generaba mucha frustración. Fue un perfeccionista obsesivo que se exigía más a sí mismo que nadie.
Antes de que existiera el Euro en Alemania, el billete de 10 Marcos traía una foto de Gauss de un lado y una Campana de Gauss con la curva y la ecuación del otro. Es una forma de mostrar que la matemática no es solo para el aula, sino que es parte de la identidad de un país.
A diferencia de Fibonacci, que tuvo problemas con su estatua, el busto de Gauss siempre ha estado en un lugar de honor en la Universidad de Gotinga. Sin embargo, hay un "chusmerío" universitario de que los alumnos, como broma de fin de año, a veces le "roban" las gafas al busto y se las ponen a una estatua más graciosa de la ciudad. Una falta de respeto... ¡pero con estilo matemático!